Los sueños rotos y las cosas que pensaste que eran para siempre son como esas baldosas flojas que pisaste después de que llovió . Sus huellas, esas manchas en el pantalón o en la zapatilla, son tan horribles que no podes sacártelas de la cabeza.
Las cosas que nunca van a ser porque sí, porque a vos no te toca vivirlas, se vuelven en algún momento motores de esas personas ingenuas que siguen respirando con la esperanza de alcanzarlas, aún sabiendo que van a morir con eso pendiente.
Siempre estuve dispuesta a sufrir cada cosa que siempre supe que me iba a pasar por ser tan así como soy.
Pensaba que sería interesante pensar que lo que siempre anhele estaba arriba del techo de una casa, no quería tocar el cielo con las manos, eso era imposible. Aunque sea quería tocar el techo con las manos. La cosa fue qué casi estaba llegando a eso cuando de golpe algo hizo que el techo bajara (o a mi me pareció eso) y no se porqué mire por la ventana. Y ahí estaba el cielo, que jamás iba a tocar, tan hermoso, tan puro. Y me senté a llorar. Se me hace difícil reconocer que de verdad hay cosas que nunca se pueden tocar.
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