
Cuando llego a casa, abatida, triste con ganas de llorar pienso que no voy a bajar los brazos. Recuerdo los abrazos que me hacen feliz. Los abrazos de los que te quieren, los necesito cuando estoy mal. Los abrazos de los que nadie quiere, esos abrazos necesitados, de madres que no dan nada, de la sociedad que te da vuelta la cara. Esos abrazos son para mi necesarios. Ojala todos sintieran envidia de mí. Ojala todos murieran por los abrazos de los olvidados. Son abrazos sinceros, uno siente el vacio, la ausencia, uno siente que se cae de tristeza, que se desvanece entre unos bracitos quemados por el sol. Y por fin cuando el abrazo termina la sonrisa te termina de matar, esas sonrisas chiquitas te desarman , te destabilizan, te llevan a pensar ¿De qué te quejas?.
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